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13 junio 2012 / autor

Europa será socialdemócrata o no será, por Juan Moscoso del Prado*

*Publicado en el diario El País. El autor es Secretario de la Unión Europea del PSOE.

 

Europa es lo más parecido que hay a la socialdemocracia. Incluso, Europa es socialdemocracia. Se podría replicar que la construcción europea fue un éxito conjunto de democristianos y socialdemócratas, con los primeros al frente de más gobiernos durante las décadas iniciales de postguerra. Pero no es menos cierto que aquellos viejos cristianodemócratas, humanistas democráticos con sentimiento social, han sido reemplazados por agrios conservadores hijos de la revolución neoconservadora de Ronald Reagan y Margaret Thatcher, y que cuentan con nuevos amigos en su propio seno o a su derecha, ya sean viejos y siniestros conocidos europeos como hemos visto en Grecia, o una derecha fundamentalista y ultraconservadora a imagen de la que en Estados Unidos se autodenomina Tea Party. Una derecha que la profunda crisis económica y social que estamos viviendo está poniendo en evidencia, demostrando lo poco tiene que ver con la que contribuyó a construir el Estado del bienestar europeo. Mientras, por contra, la socialdemocracia sigue manteniendo intactos los principios y valores de entonces, convertida, como decía Tony Judt, en la prosa de la política europea contemporánea, lo cual constituye su principal problema, su éxito sin épica.

La combinación de crisis económica y supuesta crisis de la socialdemocracia nos obliga a responder con valentía. La izquierda no supo reaccionar con determinación a la crisis financiera de 2008. Esta crisis ofrece la oportunidad de quitarnos de encima las complicadas y vacuas definiciones acuñadas por la Tercera Vía de Tony Blair en su intento de construir un pensamiento progresista compatible con la desregulación financiera y con la globalización en un marco neoliberal. Un camino que solo sirvió para distribuir, y hacerlo de esa manera, la riqueza creada en unos años de prosperidad insostenible.

Vivimos tiempos de crisis social, de pérdida de calidad de vida y bienestar, de voladura controlada del sistema de igualdad de oportunidades que tanto costó construir, de abandono de la sanidad y educación públicas, de paro desbocado. Tiempos de inseguridad e incertidumbre en los que a pesar del indecente espectáculo protagonizado por el sistema financiero y sus gestores, los mercados han logrado imponer políticas sin debate democrático alguno con el fin de rescatar al sector financiero del desastre provocado por la desregulación que antes logró imponer.

Las consecuencias de esta crisis demuestran que nunca como en estos años había estado la política tan sometida a los intereses económicos de unos pocos. Este sometimiento ha provocado la mayor crisis de la construcción europea desde su creación porque Europa es justamente lo contrario, el sometimiento de la economía a un fin político, la convivencia democrática en libertad bajo nuestro modelo de bienestar social. Tras la Segunda Guerra Mundial Europa puso la economía —el carbón y el acero primero, el mercado común después, el euro…— al servicio de un gran sueño. Y esta crisis provocada por la desregulación ha puesto todos los sueños políticos, ciudadanos y de convivencia al servicio de un paradigma económico injusto e insostenible.

La combinación de crisis económica y una derecha más alejada que nunca de los valores humanistas de la Ilustración como apunta Tzvetan Todorov, ofrece una oportunidad irrepetible a la izquierda europea para construir una alternativa creíble. Un inmenso reto porque en la práctica, salvo honrosas excepciones, socialdemocracia solo ha habido en Europa. Pero las cosas han cambiado también fuera de Europa, y mucho. Dani Rodrik en su famosa paradoja señala la imposibilidad de conciliar tres elementos: democracia, soberanía nacional y globalización, teniendo que optar como máximo por dos. Las dos primeras conducen al aislamiento y la autarquía. Las dos segundas, ¿a China? Si apostamos por la primera y la última, democracia y globalización, debemos convertir esta globalización en el campo natural de actuación de nuestra imperfecta Europa, reubicando en Europa la soberanía perdida.

Esa alternativa exige, no obstante, tomarse en serio de una vez por todas el proyecto de construcción europea, y hacerlo tomando decisiones que lo transformen. Hay que asumir que una Europa de 27+1 miembros puede conducir rápidamente a un proceso de geometría variable en el que solo unos pocos Estados profundicen en todo aquello imprescindible para volver a poner la economía al servicio de los ciudadanos.

En el ámbito económico, la Unión Europea y más aún los países que conforman el euro, deben ser capaces de cerrar el deficiente diseño de lo que solo es una unión monetaria. Armonización fiscal con impuestos y tipos marginales equiparables, un mecanismo de mutualización y solidaridad financiera y de la deuda como en cualquier unión federal, un presupuesto europeo eficaz y transparente, recursos propios —tasa sobre transacciones financieras—, un BCE comprometido con el crecimiento y el empleo, y una regulación y supervisión bancaria con garantías. La política económica de dimensión europea está obligada a concentrar sus esfuerzos en educación e I+D+i, política industrial y energética, y a hacerlo desde la doble perspectiva de la sostenibilidad tanto social como medioambiental. Exactamente lo contrario de lo que el Gobierno español está eligiendo como camino. Un Gobierno que confunde errores propios con incomprensión europea como siempre ha hecho la derecha en nuestro país.

El Parlamento Europeo debe ser la sede del control político de todas las políticas comunes. Los socialistas nos tenemos que comprometer a presentar un candidato único a presidente de la Comisión en las próximas elecciones europeas para evitar el fiasco Barroso de 2009. Para ello, antes debemos convertir el partido de los Socialistas Europeos (PSE) en un verdadero partido político. Un PSE volcado en la propuesta de políticas de dimensión europea destinadas a impulsar el crecimiento y el empleo, reducir las desigualdades y desequilibrios económicos, sociales y regionales, y convertir el modelo social europeo en seña de identidad y garantía de éxito y competitividad. La estructura de bienestar social europea debe comunitarizarse, más aun ahora que la derecha comienza a asumir la inevitabilidad de propuestas socialdemócratas en lo fiscal —unión fiscal, eurobonos— y financiero —unión bancaria, dicen ahora—. Pues bien, en lo social también.

En el ámbito institucional debemos vencer la resaca soberanista que amenaza Europa, y hacerlo reformando sus instituciones para dotarlas de verdadera esencia democrática y de capacidad de control ciudadano, oponiéndonos a su vez a cualquier retroceso. No tiene sentido suspender Schengen cada vez que se organiza una cumbre financiera en una ciudad importante. Las libertades fundamentales europeas no deben ser condicionales. O somos europeos o no lo somos.

Por último, debemos seguir profundizando en la construcción de la ciudadanía europea, más aun hoy en día en el que vivimos en una sociedad multiidentitaria de vocación laica en la que cada uno tiene derecho a sentir muchas cosas a la vez. Probablemente tengamos que aligerar nuestros problemas lingüísticos priorizando el inglés como segunda lengua comunitaria y vía de comunicación común. Europa debe garantizar la última instancia judicial no sólo en derechos y libertades fundamentales como hace ahora en la institución hermana de la Unión, el Consejo de Europa en Estrasburgo, sino también en derechos económicos y sociales.

La socialdemocracia tiene que lograr que su actuación en Europa sea coherente con los objetivos últimos de construcción de una Europa federal, de una verdadera unión política con todas sus consecuencias como un servicio exterior y un ejército europeo donde se comparta, básicamente, todo. La construcción de una Europa unida y el sueño socialdemócrata de una sociedad democrática, justa y próspera han sido los motores políticos de nuestros últimos cien años. Europa será socialdemócrata o no será.

11 enero 2012 / autor

Con la lucha de Famatina por un ambiente sano y un futuro sustentable

En Famatina, en la provincia de La Rioja, se está llevando a cabo una pueblada en contra de la instalación de la empresa canadiense Osisko Mining Corporation, que quiere comenzar la explotación de la minería abierta en el cordon montañoso. La extracción de oro realizada de esa manera implica la explosión mediante dinamita de montañas enteras, la utilización de cianuro para el procedimiento extractivo, el uso del agua potable de la región –bien natural no renovable- en cantidades gigantescas, con sus consecuencias de contaminación, entrega y muerte.

El pueblo de Famatina corta el camino para no permitir el ingreso de la minera desde el 2 de enero a las seis de la mañana. Ha instalado un campamento que cuenta con la participación mayoritaria de la población para defender el agua y el territorio. El gobierno de Luis Beder Herrera amenaza con el desalojo del corte. Diez pobladores han sido procesados judicialmente por realizar acciones de lucha.

Los abajo firmantes expresamos todo nuestro apoyo a la lucha de los habitantes de Famatina.

Demandamos:

-Que el gobernador Luis Beder Herrera anule el convenio firmado con la empresa Osisko Mining Corporation.

-El desprocesamiento de los imputados por luchar contra la minería a cielo abierto en Famatina.

-Que el gobierno nacional prohíba la minería a cielo abierto en todo el país.

Enviar adhesiones a apoyoafamatina@gmail.com

ADHIEREN: Osvaldo Bayer, Beatriz Sarlo, Fernanda Reyes (diputada Coalición Cívica); Martín Caparrós, Adolfo Pérez Esquivel, Alejandro Horowicz, Jorge Altamira, Néstor Pitrola, Marcelo Ramal, Fernando “Pino” Solanas (diputado Proyecto Sur), Diego Rojas, Gabriel Levinas, Daniel Malnatti, Patricia Walsh, Alejandro Bodart (diputado MST en Proyecto Sur),  Vilma Ripoll, Marcelo Parrilli, Héctor Bidonde, Victoria Donda Perez (diputada Libres del Sur – FAP), Humberto Tumini, Jorge Ceballos, Agustina Eroles (vicepresidenta FUBA), Mariano Otero, Enrique Viale, Daniel Riera, Conrado Yasenza, Elsa Drucaroff, Juan Terranova, Ignacio Molina, Carol Abousleiman, Carlos Ruíz (director de A cielo abierto), Gabriel Medina, Rael (Mario de los Santos), Fernando Amato, Eliana Toro, Flavia de la Fuente, Eduardo Antín, Martín Becerra, Marcelo Panozzo, Gonzalo Sánchez, Juan Cruz Sanz, Patricio Zunini, Adriana Amado Suárez, José Miguel Onaindia,  Mori Ponsowi, Diego Grillo Trubba, Claudio Andrés de Luca, Marcelo Pisarro, Leonardo Desposito, Omar Genovese, Laura Cukierman, Jorge Figueroa, Santiago Pérez Cerimele, Emanuel Respighi, Marcela Pacheco, Alejandro Wall, Fernanda Sández, Belén Ianuzzi, Paula Zavadiker, Florencia Kravetz, Rita Zanola, Gastón Cavanagh, Guido Encina, Diego Manso, Facundo Pietra, Norberto Glavinovich, Silvia Ferreira, Isaac Yuyo Rudnik, Daniel Menendez, Mauro Lopez, Laura Gonzalez Velasco, Jesus Escobar (diputado provincial Neuquén, Libres del Sur – FAP), Mercedes Lamarca (concejal ciudad de Neuquén, Libres del Sur – FAP), Marta Juarez (legisladora provincial Córdoba, Libres del Sur – FAP), Carlos Martinez (diputado provincial Chaco, Libres del Sur – FAP), Gabriel Romero (concejal ciudad de Corrientes, Libres del Sur-FAP), Federico Masso, Ruben Carrizo, Pablo Alvarez, Iván Hojman, Juan Pablo Csipka, Julián Ferela, Alejandro Di Marzio, Santiago Bluggerman, Nicolás Ciancaglini, Liliana Giambelluca, Julián Eduardo López, Liliana Alaniz, Carolina Raspo, Armenia Martínez, Eduardo Dutruel, Mariel Soria, María Victoria Zárate, Mariano Benedettini, Martín Paronetto, Juan Manuel Barber, Víctor Grzenda, Luis Cardoso Ayala, Alejandro Durán,  Cecilia Boretto, Luciano Buyatti, Ignacio Maidagan, Diana Benzecry, Adriana Oklander, Lucas Luaces, Matías Serra, Aníbal Antonelli, María Constanza Miguel, Gustavo Lorenzo, Fernando Salceda, Bruno Biasone, Milagros Palma, Alejandra Fernández, Amanda Irrarazábal, Eric Loza, María José Navajas, Patricia de Elías, Gastón García M., Ana Inés López, Alicia González, Melisa Biondi, Leopoldo Méndez Obregón, Carolina Priano, Gustavo Itúrrez, Alfredo Daniel Farías, Gustavo Cobos, Sergio Torrado, Juan Emilio Dantonio, Diego A. Torres, Nicolás Bertona, Rafael Arteaga, Ariel Senosiain, Constanza Molina, Graciela Nieto Ortiz, Hernán Senki, Claudio Camerucci, Darío Leandro Stryk, Ana Laura Montenegro, Luciano Guaglianone, Sandra Meygide Lorenzo, Patricio Murphy, Viviana Nora Bárcena, Marcelo Ayala, Alejandro Britos, Matías Gareli, Adrián Quevedo, Valeria Calvo, Ezequiel Borenztein, Graciela Gorrochategui, Agostina Romano, Lautaro Regunaga, Joaquín Cardoso, Rubén Cots, Matías Calabria, Luciana Soledad Díaz, Marina Lande, Daniela García, Bárbara Leiva, Melina Dassano, Mercedes Monserrat, Gonzalo Arguello, Claudio Angelotti, Emiliano Gonzánelz Portino, Andrea Garfunkel, Emiliano D’amato Mateo, Carola Bony, Walter Daniel Villalba, Marcelo Alderete, Santino Bellati, Martín Dzienczarski, Luciano Emanuel Ramírez, Ramiro Suárez Bellanti, Maximiliano Jozami,, Esteban del Campo Bagú, Bárbara Quiroz Ramírez, Osvaldo Carrillo, Delfor Di Cásolo, Edu Gargulio, Carlos Ganduglia, Ariel Yablon, Ana Claudia Alfieri, Juan Steinmann, Lola Holasek, Alejo Gariglio, Rubén Matos, Gustavo Lamas, Jorge Kehiayan, Gastón Nicolás Varela, Andrés Gustavo Cola, Verónica Odriozola, Jonathan Cigarra, Sandra Loewy, Fernando Lipina, Mariano Colla, Pablo Ciarliero, Flavia Mazzoletti, Pamela Desjardins, Nicolás Lachman, Nicolás del Águila, José Esquivel, Beatriz Amor, Alberto Juanco, Ignacio Jardón, Cecilia Rivero, Mariano Kiektik, Fabiana Bermúdez, Alina Palamarczuk, Matías Izaguirre, Raúl Albanece, María Catalina Gómez, Guillermo Berzá, Paulina Apratto, Sara Paoletti, Raúl Quaglia, Leonardo Balduzzi, Silvina Enrietti, Javier Álvarez, Huili Raffo, Nora Bugallo, Marina Díaz Beltrán, Brenda Caniglia, Ana María Mancini, Lucas Aimar, Carlos Cullere, Federico Caviedes, Mario Rivas, Marina Nanni, Liliana de Andrade, Jorge Oscar Leanes, Emanuel Gatto, David Lose, Nicolás González Varela, Giselle Viau, Lucas Cordeiro, Norma Sánchez, Cecilia Filiberto, Javier Pidone, Enzo Giacinti, Rodrigo Del Canto, Fernando Ormaechea, Martín Frías, Lucila Flombaum, Rolando Maldonado, Giselle Udelsman, Juan Ignacio Zurita, Ana Clara Vea, Marcela Winitzky, Marcos Callorda, Ágata Szekely, Susana Battia, Edgardo Paretta, Haydee Reirís, Viviana Leti, Ana Teresa Romano, Estrella Plainsig, Graciela Falco, Ricardo Hernández, Silvana Miceli, Julieta Llanes, Fabián Aimi, Diego Fortunato, Marcelo Gastón Ceruso, Lorena Capoccia, Poletti, Maria Isabel, Mollo, Diego Aníbal, Mendes, Dario Luis, Mendes, Maria Agustina, Mendes, Gloria Arslanian, Marisa Poleti, Ariel Martínez, Cintia Torres, Maricel Centi Ferrei, Emannuel Barros, Romina Marnone, Fernando Madedo, Leandro Ignacio Rosso, Ana Barletta, Juan Ignacio Babino, Eugenia Cabral, Luciano Lahiteau, Carlos María Alsina, Ana Pereira, Felipe Lacour, Mauro Fernández, Pablo Gauna, Rodrigo Javier Rolando, Saiana Descole, Gastón Oubiña, Matías Caimi, Milton Perelló, Maria Nimia Romero, Paola Pestene, Danilo Castelli, Gabriel Rodríguez, Nicolás Tauber, Eloisa Arriaga, Julián López, Maria Silvina Acuña Simmons, Mercedes Ines Simmons, Miguel Espejo, Georgina Gluzman, Marcela Racket, Mariano Bazán, Mirta Narosky, Miguel Ángel de Boer, María Eugenia Espíndola, Juan Cruz Cándido, Matias Nuñez Angel, Hugo Biozzi, Melina Valverde, Cecilia Picco, Raquel Fierro, Darío Olivera, Virginia Ayala, Macarena Díaz, Nora Beatriz Koch, Gladis Mabel Olivera, Fabian Claudio Soto, Mariano Aguilar, Agostina Pereyra, María Laura De Cia , Anibal Jacinto De Cia, Mariangeles De Cia, Maria Victoria De Cia, Ivan Arguello, Mazzei MedinaValentina Karina, Almeida Marcos Saul, Salas Luisina, Lopez Rodrigo Emmanuel, Bottini Mercedes, Ekstowicz Laura Tamara, Ibañez Luis Ignacio, Martin Veronica Viviana, Jacqueline Soto, Nélida Schinone, Romualdo Pacheco, Giselle Rodríguez, María Sol Peralta, Analía Corbalán, Vanesa Barrera, Manuel Garro, Marcelo Aybar, Guadalupe Sosa Gigena, Agustin Sposato, Francisco Angulo, Fabiana Carrillo, Maximiliano Duquelsky, Julieta Costa Díaz, Pedro Lacour, Martín Crudele

5 enero 2012 / autor

Plataforma para la recuperación del Pensamiento Crítico

Escapar al efecto impositivo de un discurso hegemónico no es una tarea fácil. Pero es necesario y posible generar una voz colectiva que enuncie este problema y lo transforme en acto de demanda. Si algo nos define como intelectuales es pensar sobre el mundo y la sociedad en la que vivimos, poner en cuestión los problemas que nos plantea, promover el debate de ideas, intentar leer más allá de la letra manifiesta y visibilizar lo oculto, tratar de salir de la mera apariencia de los efectos para bucear en las causas que los determinan. En síntesis, sostener nuestra capacidad y conciencia crítica y manifestarla, romper el silencio, como paso imprescindible hacia un accionar colectivo y transformador.

No encontramos este ánimo en algunos trabajadores del campo de la cultura, a quienes hemos respetado y queremos seguir respetando, pero que al colocarse como voceros del gobierno han producido una metamorfosis en relación con su historia y su postura crítica.
Nos encontramos ante verdaderos escándalos de diferente naturaleza y calidad, que tienen como denominador común la impunidad en relación con las responsabilidades de quienes nos gobiernan. Y de manera paralela, asistimos a la construcción de un relato oficial, que por vía de la negación, ocultamiento o manipulación de los hechos, pretende investir de gesta épica el actual estado de cosas.
Javier Chocobar, Diego Bonefoi, Nicolás Carrasco, Sergio Cárdenas, Mariano Ferreyra, Roberto López, Mario López, Mártires López, Bernardo Salgueiro, Rosemary Chura Puña, Emilio Canavari, Ariel Farfán, Felix Reyes, Juan Velázquez, Alejandro Farfán, Cristian Ferreira. Vemos crecer la lista de los asesinados. Muertes que en su repetición no dejan de asombrarnos. Muertes que van cubriendo toda nuestra geografía. Muertes que, lejos de ser inocentes, marcan un encarnizamiento represivo que no puede ser negado ni atribuido a lejanas decisiones para desresponsabilizar al gobierno central. Ahora descubrimos que desde 1994 somos un país federal, y que por lo tanto las muertes dependen de las policías provinciales, o de los caciques locales. Curiosa apelación al federalismo, cuando es el gobierno nacional el que ejerce el centralismo unitario y decide de hecho los presupuestos provinciales, el que resuelve candidaturas, impone ministros y se abraza con los gobernadores casi al mismo tiempo de ocurridos los hechos.
Muchas de las últimas muertes están vinculadas a la carencia de tierra, y detrás de cada nombre hay una historia de vida que se remonta a la histórica lucha de los pueblos originarios contra el despojo del que han sido objeto. El proceso de concentración de la propiedad de la tierra y la soja-dependencia de los últimos ocho años son un correlato en el presente de aquel despojo, que el discurso oficial oculta.
El “relato” hegemónico pretende imponerse sobre la materialidad y el valor simbólico de estas muertes. Efectivamente, en torno a estos y muchos otros hechos se elabora un discurso oficial que construye consensos, porque aparenta dar cuenta de una serie de necesidades sociales y reivindicaciones nacionales mientras se afianza la persistencia de lo mismo que aparenta cuestionar.
Este relato disciplinador y engañoso utiliza la potencia de los recursos comunicacionales de que dispone crecientemente el gobierno para ejercer control social mediante la inducción de mecanismos alienatorios sobre las formas colectivas de la subjetividad.
Quieren aparecer como actores de una gesta contra las “corporaciones”, mientras grandes corporaciones como la Barrick Gold, Cerro Vanguardia, General Motors, las cerealeras, los bancos o las petroleras – y el propio grupo Clarín, hoy señalado como la gran corporación enemiga – han recibido enormes privilegios de este gobierno.
 
Quieren también aparecer como protagonistas de una histórica transformación social, mientras la brecha de la desigualdad se profundiza. Y cuando la realidad se impone sobre el “relato”, los voceros oficiales y oficiosos del gobierno sostienen que se trata de “lo que falta”. Según los intelectuales reunidos en Carta Abierta, “lo que falta” sería – más allá de las “asignaturas pendientes” que estarían dispuestos a admitir – una cuestión de “imaginación política”. Y lo que es evidencia y síntoma de lo que no sólo no se transforma sino que se profundiza sería – como en el fenómeno de las placas tectónicas – algo así como restos traumáticos del pasado en el interior de un proceso transformador, que reaparecen una y otra vez.
 
El contenido de la producción ideológica oficial se inscribe en una metodología. La discusión de ideas es sustituida por la descalificación del interlocutor y toda disidencia es estigmatizada. Trivialización del debate, bravata “intelectual”, sacralización de sus referentes con independencia de las acciones que producen, son sólo algunas de las modalidades en las que se expresa el intento de imponer un discurso único. Cuando desde los medios públicos se utiliza la denigración de toda voz crítica por medio de recortes de frases, repeticiones, burlas y prontuarización como procedimiento intimidatorio y se invalida a esas mismas voces cuando se expresan en otros medios, se produce una encerrona que por una u otra vía sólo promueve el silencio.
Hoy la homogeneidad discursiva empieza a estar atravesada por algunas filtraciones que la erosionan: el relato épico ha iniciado un proceso de cierto desenmascaramiento. La asociación entre derecho de huelga y extorsión o chantaje, o la justificación de la sanción de la ley antiterrorista, serían expresiones paradigmáticas de este fenómeno.
A pesar del afán disciplinador del discurso hegemónico, es nuestra responsabilidad como intelectuales y trabajadores de la cultura romper el silencio que pretende amordazar el pensamiento crítico y promover un debate transformador de los grandes problemas que plantea el presente. Es necesario. Y es posible.
 
Pablo Albarello, Mirta Antonelli, Bibiana Apolonia de Brutto, Norma Barros, Héctor Bidonde, José Emilio Burucúa, Jorge Brega, Manuel Callau, Ana Candiotti, Andrés Carrasco, Nora Correas, Diana Dowek, Lucila Edelman, Sandra Franzen, Roberto Gargarella, Adriana Genta, Norma Giarracca,Liliana Helman, Eduardo Iglesias Brickles, Diana Kordon, Darío Lagos, Alba Lancillotto, Adriana  Lestido,  Matilde Marin,      
Lucrecia Martel, Gabriela Massuh,  Francisco Menéndez, Luis Felipe Noe, José Miguel Onaindia,Jorge Pellegrini, Derly Prada, Mabel Ruggiero, Carlos Ruíz, Alfredo Saavedra, Guillermo Saccomano, Luis Sáez, Horacio Safons, Beatriz Sarlo, Alberto Sava, Herman Schiller, Aurora Juana Schreiber, Maristella Svampa, Nicolás Tauber Sanz, Miguel Teubal, Osvaldo Tcherkaski, Yaco Tieffenberg, Enrique Viale, Dennis Weisbrot, Patricia Zangaro, Daniel Zelaya.
 
11 diciembre 2011 / autor

Aquel Sábado 10 de Diciembre de 1983, por Marcelo Birmajer*

*Publicado en la sección “Se me hace cuento”, del Diario Clarín, el 10 de diciembre de 2011

 

Hace 28 años, un sábado como hoy, Raúl Alfonsín asumía como presidente electo de los argentinos, luego de siete años de sangrienta dictadura. Buenos Aires estaba de fiesta. Era una fiesta de libertad y paz. Hay quienes creen que la violencia es la partera de la historia, que sin violencia no se puede pasar de la opresión a la libertad. “Libertad”, escribo, y no “liberación”; porque liberación suena a épico, a estallido, a hecho inapelable y definitivo. Mientras que la libertad es ambigua, llena de contradicciones, e incluye el error. La liberación es para las elegías, la libertad es para vivir todos los días. Pertenezco a una tendencia solitaria que sospecha que la partera de la historia es la creatividad, en primer lugar; pero también puede serlo el azar, o la perseverancia. Y que la violencia es incidental; puede a veces funcionar para acelerar algún proceso, pero no como partera. Nuestra solitaria tendencia, de la que no responsabilizo a nadie más que a mí, considera que, si no hay violencia, mucho mejor. Mi bloque unipersonal sugiere que lo que se consigue con violencia puede revertirse fácilmente con más violencia; mientras que el peso de una idea y el esfuerzo por lograr el consenso en lugar de la imposición, proveen un efecto mucho más duradero, incluso trascendente.

Quienes se apresuran a proponer a la violencia como partera de la Historia, suelen mostrar una mayor inclinación por la violencia que por el estudio de la historia; una cierta simpatía autónoma y automática por la violencia, independientemente de lo que finalmente esta produzca.

Ese 10 de diciembre de hace 28 años, Alfonsín asumía cargando sobre sus hombros la promesa de juzgar a los máximos responsables de la masacre que la dictadura militar había ejecutado: miles de desaparecidos, torturas, violaciones, apropiación de niños. Alfonsín proponía algo absolutamente original para la historia bicentenaria del país: juzgar a los criminales del Proceso según la clásica concepción de justicia de las democracias liberales, con abogados defensores, fiscales y jueces. No proponía fusilarlos, ni humillarlos. Sólo juzgarlos por sus delitos y que les cupieran las máximas penas correspondientes. Prosaico como resulta, no había ocurrido nunca en Argentina algo semejante; tampoco, por raro que suene, en el resto de Latinoamérica. Hasta líderes como Felipe González, por entonces en la plenitud de sus poderes, veían con cierta alarma la osadía del recientemente electo presidente argentino.

La masacre del Ezeiza del 73, por ejemplo, o los crímenes de la Triple A, aún siendo sus víctimas mayoritariamente peronistas, no habían sido siquiera investigados por el gobierno peronista que se alzó con aproximadamente el 60 por ciento de los votos, cuando el retorno del general Perón. Pero Alfonsín llevó a cabo una gesta inaudita: juzgar a los criminales del Proceso no porque hubieran asesinado a personas de tal o cual tendencia política; sino por sus crímenes aberrantes contra la condición humana. No era una revancha de un signo partidario, sino la propuesta de reconocernos en una misma dignidad humana compartida.

Sí existían en el mundo antecedentes de fusilamientos, humillaciones colectivas, turbas reemplazando a fiscales y jueces, farsas de juicios callejeros. Pero lo que viene después de esos shows, no es la libertad, ni la paz. Esta democracia que lleva ya treinta años encontró, en el momento justo, a un hombre modesto, que hablaba con las manos en los bolsillos, que había pasado su vida persuadiendo, y que estuvo dispuesto a dar su vida, sin entusiasmo, por una libertad mansa y duradera. Alfonsín no gritó que daría su vida por esto o aquello, ni le pidió a nadie que diera la suya; pero todos sabíamos que los implicados en investigar y juzgar los crímenes de Massera, Videla y Agostipasarían muchos años en riesgo.

No sólo no había ejemplos internacionales de su acción, sino que tampoco la coyuntura internacional sugería esos juicios. De hecho, en nuestro propio país, el partido justicialista, durante la campaña electoral, aceptaba la “autoamnistía” de los militares. Ni investigarlos ni juzgarlos. Nada. Cada cual a su casa. Detrás de Luder, el candidato justicialista, se encolumnaban todas las variables del peronismo. Acusaban a Alfonsín de ser el candidato de la “Coca Cola”, lo que fuera que esto significara. También reivindicaban a Rosas. Pero eso sí: los criminales del Proceso, a casa, a dormir tranquilos.

Alfonsín juzgó, desarmado, a los militares; lo hizo acompañado de civiles, de intelectuales, escritores y periodistas, que con distintas formas de pensar coincidían, sin embargo, en que no debían olvidarse esos crímenes, ni permitir que volvieran a repetirse. Podemos recordar, entre ellos, a Magdalena RuizGuiñazú o a la militante de los derechos humanos Graciela Fernández Meijide.

Cada tanto releo algunos capítulos de las Memorias políticas de Raúl Alfonsín. No sólo tiene momentos trágicos, sino también humorísticos. E incluso la instancia de convocar al humor en el momento trágico, como hacían LordSinclair y Danny Wilde en “Dos tipos audaces”, que incidentalmente, en su versión original, se llamaban “The Persuaders”.

Después, la libertad es proteica. Las cosas van y vienen. Una economía más dirigista, otra más liberal, una privatización acá, una estatización allá. La vida no es un camino recto. Pero lo que legó Alfonsín es que todas esas vicisitudes es mejor resolverlas sin matarnos unos a otros, sin condenarnos de antemano por pensamientos preestablecidos, sin considerar que cualquier idea distinta responde a “oscuros intereses”. Es verdad, al final de su mandato, se le cayó brutalmente la economía. Pero no se le cayó la democracia. Y los jerarcas de la dictadura estaban en la cárcel.

Nada de lo que pasó desde su asunción fue peor que lo que había pasado antes de su asunción. Nada, incluso las peores cosas que nos pasaron, fue peor que el Proceso o la Triple A. Hace veintinueve años, empezaba un país distinto, pero nada del otro mundo. Yo estaba en Buenos Aires ese día, y es un placer estar hoy en Buenos Aires, y poder recordarlo y escribirlo en este diario.


 


18 noviembre 2011 / autor

Y ahora? Parte I

El resultado electoral de 2011 no puede ser leído como causa sino como consecuencia de una enorme crisis partidaria que inició, incluso, antes de la caída del gobierno aliancista de Fernando de la Rúa.

No se trata solo de problemas organizacionales o internos. Hay en escena una nueva concepción de la política, en la que se ha entronizado el éxito como legitimador del accionar que impone nuevos tiempos y conspira contra nuestra concepción cultural de la actividad política. Pareciera no haber espacio para las “estrategias sin tiempo”. Ganar elecciones se ha convertido, para los medios y gran parte de la dirigencia, en la única variable que da cuenta de la existencia política de un partido. Así, partidos que no funcionan hace años (como el PJ) ocupan, a fuerza de triunfos electorales, casi la totalidad del espacio vital de la política, en la óptica de formadores de opinión y analistas en general.

Esta dimensión “resultadista” de la política excluye a las demás y potencia nuevos elementos como el voto útil, la inestabilidad de las organizaciones, la volatilidad de las coaliciones y el carácter fugaz de los liderazgos. En la política “liquida” no hay tiempo para construir a mediano y largo plazo, para el debate profundo, para el fortalecimiento de las instituciones partidarias.
Pareciera que no hay mas tiempo para los radicales.

Frente a estos cambios, aparece un radicalismo incapaz de interpelarse a si mismo y de interpelar a la sociedad. La “maladie” radical se expresa, además de lo arriba mencionado, en la debilidad del “afectio societatis” que marca la relación entre elencos dirigenciales y militantes, ya sea de manera horizontal o vertical.

Podemos detectar algunas características de la perdida casi absoluta de lazos solidarios entre radicales:

– La preeminencia de los intereses particulares: del dirigente ante el conjunto, del partido local frente al partido nacional, del sector interno frente al conjunto del partido. Se llega a acordar con sectores de otros partidos para enfrentar a sectores de la UCR.

– La dificultad de elaborar agendas comunes.

– La “contradicción” entre defensa de las gestiones territoriales (frente a un federalismo inexistente y un Estado Central gobernado de absolutamente discrecional y partidista) y proyecto nacional de partido.

– La debilidad de las instituciones partidarias

– El exacerbado internismo, no como expresión de democracia interna sino como mecanismo de exclusión del otro. (Como se achicó la pista de baile, la única forma de seguir en ella es sacar a los codazos a los demás)

Cuando se empezó a romper este pacto social partidario? Aventurar una respuesta invitaría a discernir entre el huevo y la gallina.

Lo cierto es que en este marco llegamos a la elección presidencial de 2011.

Si vemos el medio vaso vacío, tomamos decisiones en base a análisis incorrectos de la realidad y concertamos alianzas que si bien no comprometieron nuestra propuesta política nacional y su carácter modernizador y solidario, si afectaron nuestro capital simbólico y nos distanciaron de sectores del pensamiento que habían vuelto a confiar en la UCR.

Sin embargo, sería también un error afirmar que ello motivò el distanciamiento con el Partido Socialista, que mucho antes había optado por actores políticos que declamaban su “anti-radicalismo”. La relación con el PS debe ser analizada en profundidad, desde los claroscuros de la experiencia santafesina, pero será motivo de otro post.

El camino al 14 de Agosto estuvo marcado por esta circunstancia, además de una estrategia comunicacional discutida y discutible. E indudablemente (y sobrevolando todas las conjeturas) la realidad de un masivo apoyo popular a la Presidente de la Nación.

Pero, fundamentalmente, la campaña estuvo marcada, antes y después de las primarias por la deliberada ausencia del Partido. Primero florecian los precandidatos para competir con quien venia en ascenso: instalamos una disputa interna antes de lo necesario y la terminamos cuando debíamos darla. Todo, deliberadamente a mi juicio, al revés. Para los que se bajaron de la interna, “cuanto peor, mejor”.

El 14 de Agosto pasó lo que debía pasar en un contexto de voto útil direccionado hacia Eduardo Duhalde (a tal punto que recibió un gran caudal de votos provenientes de la tradición antiperonista) y de un partido en el que los sectores que no ganan la contienda interna se desentienden y apuestan al fracaso.

Pero el 23 de Octubre pasó lo que no debía ocurrir: cuando la catarata de pedidos de cortes de boleta, de separación de elecciones y las mil estrategias para salvar la ropa territorial, las constantes intervenciones de autoridades partidarias contra el candidato del partido, la sensación creada por el mismo partido de un desplome con un candidato que en soledad se acercaba al pesadillesco numero del 2% obtenido por la UCR en 2003 solo contribuyó a que el voto útil se direccionara hacia el cuarto candidato que parecía emerger como esperanza blanca frente a un Duhalde que no era lo poderoso que se suponía y un Alfonsin en soledad.

Pero sucedió lo que no se esperaba. Y contra todos los pronósticos (y, lamentablemente, el deseo de parte de la dirigencia partidaria) si bien no se mantuvo el segundo lugar en el orden de llegada, Ricardo Alfonsin conservó el caudal electoral de casi 2.500.000 votos.

Ese es el medio vaso lleno. Y le corresponde en gran parte a Ricardo Alfonsin. Su constante caminata por el país, su contacto con la militancia mas allá de la dirigencia y su decisión de seguir adelante a pesar de lo empinado del camino y de la soledad partidaria nos salvo del marasmo. No es consuelo, pero nuestro destino era el de Eduardo Duhalde y sin embargo, ello no ocurrió.

Pasadas las elecciones, es momento de debatir el destino del partido centenario que en esta elección puso en evidencia que hace tiempo ya no existe como organización política. Y debemos hacerlo en el marco de las nuevas exigencias de la sociedad, haciendo un inteligente equilibrio entre sus reclamos y las necesidades de nuestra organización, que se contraponen cada vez que la urgencia y la volatilidad de esta sociedad posmoderna no resulta compatible con las formas de un partido moderno.

Así como las leyes no modifican pautas culturales de la noche a la mañana, la reforma de la Carta Orgánica no solucionará la “maladie” radical. Tampoco lo hará la irrupción de un “nuevo liderazgo”.

Por supuesto, que son elementos positivos per se, como mensaje a una sociedad que -cada vez con mayor fricción- se mueve por sensaciones, como en el mito de las cavernas.

Debemos advertir, no obstante, que si no hay un replanteo profundo que nos permita recuperar la noción de organización y de solidaridad interna, estaremos incubando una nueva frustración.

Un nuevo radicalismo deberá surgir del debate sincero y de una estrategia que se consustancia con la realidad para interpretarla e intentar modificarla antes que nos pase a retiro. No solo al partido sino a la cultura radical, a la que debemos apelar para rescatar la herramienta partidaria.

Modernizar la UCR es un reto que trasciende el marketing (aunque no debe desconocerlo en el mundo actual). Implica incorporar a la agenda radical temas como sociedad del conocimiento, emprendedurismo, derechos ambientales, ampliación de derechos civiles, un Estado de Bienestar para el siglo XXI, propuestas que atiendan el fenómeno de la “glocalización” y la gestión del territorio, etc.

Para ello necesitamos si, estructuras partidarias dispuestas al debate pero también dirigentes y militantes dispuestos a aceptar el resultado del mismo. A ello tenemos que agregarle instancias de elaboración de propuestas programáticas desde espacios donde el tercer sector pueda involucrarse en la discusión, estrategias de comunicación que hagan mas claro nuestro mensaje, y desde luego, recuperar nuestro lugar en la calle. Nada transformador puede hacerse sin poder popular y ningún partido puede renovarse sino se incorporan a el nuevas miradas y nuevos actores.

Los jóvenes tenemos una responsabilidad que tiene que ver hasta con el partido en el que queremos militar los próximos 50 años. Reclamar la renovación repitiendo practicas de un modelo de acumulación interna que se ha mostrado agitado es solo gatopardismo. Y tenemos que huir de ello, desestimulando el internismo innecesario. Pero esto también será producto de otro post.

Hoy es la Convención Nacional. Ojalá constituya la piedra basal del impostergable debate por rescatar al partido y por modernizarlo sin matarle la esencia para que, de ser eficaces en el intento, podamos imaginar que si Hipolito Yrigoyen se levantara y nos viera actuar no entendería nada, pero inmediatamente reconocería que somos la Unión Civica Radical, porque pusimos al partido en el siglo XXI pero sin entregar los valores que le dieron origen y vida por mas de 120 años.

17 noviembre 2011 / autor

Con Rubalcaba

Con los que pelean por lo que quieren. Y porque la salida de la crisis no está a la derecha.

 

26 julio 2011 / autor

Qué nos dicen los números de Santa Fe*, por Pepe Eliaschev

*Publicado en http://www.lanacion.com

El ruido periodístico de la noche del domingo poco ayudó a entender algunas de las conclusiones más interesantes de la derrota de la presidenta Cristina Kirchner en Santa Fe. Se advirtió en la cobertura de muchos medios porteños un manejo entre deficiente y tergiversado de lo que indicaban los cómputos, seguramente por desconocimiento del peculiar y -si se quiere- sofisticado sistema político de esa provincia.

El reelecto Frente Progresista Cívico y Social (PCS) ganó, pero sufriendo una notable merma de votos. Mientras que la fórmula socialista-radical de Hermes Binner-Griselda Tessio capturó casi el 54% de los votos en 2007, esta vez el binomio Antonio Bonfatti-Jorge Henn, de la misma denominación partidaria (PS-UCR), fue votado por casi el 39%. En la elección de diputados provinciales, el 50.3% de 2007 se convirtió este domingo en casi 33%. Son caídas muy notables. Pero lo que parece fuera del foco más intenso de la repercusión mediática es que la caída ha sido padecida de manera desigual por los dos sociales principales del FPCS, socialistas y radicales.

En Rosario, por ejemplo, tradicional baluarte del PS, Miguel Lifschitz fue electo intendente en 2007 con el 57%, mientras que su compañera Mónica Fein ganó ahora, pero con el 52.2%. En la ciudad capital de la provincia, Santa Fe, en cambio, la UCR había triunfado en 2007 con casi el 33%, consagrando intendente a Mario Barletta, este domingo recogió más del 45%, para ubicar en ese cargo a José Corral.

El radicalismo le arrebató al peronismo la senaduría por la capital provincial, lograda por Hugo Marcucci, actual presidente del comité provincial de UCR, que también aumentó su presencia en el Senado provincial. Mientras que en 2007 la UCR obtuvo bancas por cinco departamentos, en 2011 lo hizo por siete departamentos. El PS se mantuvo sin cambios: conserva la única banca que tenía (el senador por el departamento Rosario, Lifschitz).

Dentro del bloque del Frente Progresista en la cámara de diputados de la provincia, el total de bancas obtenidas por el FPCS arroja algunas derivaciones interesantes. El oficialismo santafecino pasa de 28 bancas a 15, pero mientras que la UCR crece dentro del FPCS del 36% al 53%, el socialismo decrece del 36% al 27%. Los partidos menores del frente aumentan su peso del ocho al 20%. Bonfatti ganó la gobernación, pero la merma del Frente es notoria y una parte esencial de la explicación deriva del deterioro de los socialistas en la poderosa Rosario. La fórmula electa incluye como vicegobernador a Henn, un dirigente radical cercano al candidato presidencial Ricardo Alfonsín.

Otro elemento que parece haber sido uniformemente inadvertido por los medios es que de las 15 bancas de diputados provinciales que ganó el FPCS, ocho serán ocupadas por radicales, cuatro por socialistas, dos por dirigentes del partido SI y una por la Coalición Cívica. El peronismo consiguió la mayoría, con 28 bancas, y Pro sumó siete. En el Senado santafecino integrado por 19 bancas, el FPCS ganó ocho, pero siete (correspondientes a los departamentos Capital, General Obligado, San Cristóbal, San Justo, Constitución, Iriondo, General López) fueron para la UCR, mientras que el PS obtuvo solo una (Rosario). El justicialismo logró 11 bancas.

 

El ruido periodístico de la noche del domingo poco ayudó a entender algunas de las conclusiones más interesantes de la derrota de la presidenta Cristina Kirchner en Santa Fe.

 

Algo aún más sugestivo se produjo en las decisiones municipales. De las 43 intendencias en disputa en ciudades de más de 10.000 habitantes), el Frente Progresista ganó 22. En 20 de ellas, ganaron los radicales (Santa Fe Capital, Avellaneda, Arroyo Seco, Capitán Bermúdez, Carcarañá, Coronda, Firmat, Funes, Las Rosas, Reconquista, San Cristóbal, San Javier, San Justo, San Lorenzo, Santo Tomé, Totoras, Villa Cañás, Vera, Villa Constitución y Villa Ocampo). Sólo dos le dieron el triunfo a intendentes socialistas, Rosario y Pérez. La UCR reporta no haber perdido ninguna ciudad gobernada por ellos, mientras que sumaron ahora cuatro más. Santa Fe tiene más de 300 localidades con menos de 10.000 habitantes, pero la tendencia indicaba que el 85% de los gobiernos comunales donde triunfó el Frente Progresista serán encabezados por presidentes comunales de la UCR.

Lo ajustado del resultado provincial, con una diferencia de apenas 62.000 votos (entre 1.800.000 votos positivos) entre Bonfatti-Henn y Miguel del Sel, parece radiografiar los sentimientos de un padrón que habría reaccionado ante lo que percibe como una inicial “ambigüedad” por parte del gobernador Binner con la Casa Rosada. Lo cierto es que Del Sel ganó todos los departamentos de la costa oeste de la provincia, estrechamente dependientes de la producción agropecuaria y en los que las luchas de 2008/2009 contra la 125 fueron clamorosas.

Es evidente el debilitamiento, por ahora coyuntural, del caudal electoral del Frente Progresista, pero observadores provinciales registran el repliegue socialista en Rosario como dato central, lo cual parecería conferirle al radicalismo un rol más protagónico. Tienen la vice-gobernación, la intendencia de la Capital y el 90% de los intendentes, así como la mayoría de los legisladores del Frente. El cuadro comparativo de porcentuales entre 2007 y 2011 es ilustrativo de lo que sucedió anteayer.