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18 noviembre 2011 / autor

Y ahora? Parte I

El resultado electoral de 2011 no puede ser leído como causa sino como consecuencia de una enorme crisis partidaria que inició, incluso, antes de la caída del gobierno aliancista de Fernando de la Rúa.

No se trata solo de problemas organizacionales o internos. Hay en escena una nueva concepción de la política, en la que se ha entronizado el éxito como legitimador del accionar que impone nuevos tiempos y conspira contra nuestra concepción cultural de la actividad política. Pareciera no haber espacio para las “estrategias sin tiempo”. Ganar elecciones se ha convertido, para los medios y gran parte de la dirigencia, en la única variable que da cuenta de la existencia política de un partido. Así, partidos que no funcionan hace años (como el PJ) ocupan, a fuerza de triunfos electorales, casi la totalidad del espacio vital de la política, en la óptica de formadores de opinión y analistas en general.

Esta dimensión “resultadista” de la política excluye a las demás y potencia nuevos elementos como el voto útil, la inestabilidad de las organizaciones, la volatilidad de las coaliciones y el carácter fugaz de los liderazgos. En la política “liquida” no hay tiempo para construir a mediano y largo plazo, para el debate profundo, para el fortalecimiento de las instituciones partidarias.
Pareciera que no hay mas tiempo para los radicales.

Frente a estos cambios, aparece un radicalismo incapaz de interpelarse a si mismo y de interpelar a la sociedad. La “maladie” radical se expresa, además de lo arriba mencionado, en la debilidad del “afectio societatis” que marca la relación entre elencos dirigenciales y militantes, ya sea de manera horizontal o vertical.

Podemos detectar algunas características de la perdida casi absoluta de lazos solidarios entre radicales:

– La preeminencia de los intereses particulares: del dirigente ante el conjunto, del partido local frente al partido nacional, del sector interno frente al conjunto del partido. Se llega a acordar con sectores de otros partidos para enfrentar a sectores de la UCR.

– La dificultad de elaborar agendas comunes.

– La “contradicción” entre defensa de las gestiones territoriales (frente a un federalismo inexistente y un Estado Central gobernado de absolutamente discrecional y partidista) y proyecto nacional de partido.

– La debilidad de las instituciones partidarias

– El exacerbado internismo, no como expresión de democracia interna sino como mecanismo de exclusión del otro. (Como se achicó la pista de baile, la única forma de seguir en ella es sacar a los codazos a los demás)

Cuando se empezó a romper este pacto social partidario? Aventurar una respuesta invitaría a discernir entre el huevo y la gallina.

Lo cierto es que en este marco llegamos a la elección presidencial de 2011.

Si vemos el medio vaso vacío, tomamos decisiones en base a análisis incorrectos de la realidad y concertamos alianzas que si bien no comprometieron nuestra propuesta política nacional y su carácter modernizador y solidario, si afectaron nuestro capital simbólico y nos distanciaron de sectores del pensamiento que habían vuelto a confiar en la UCR.

Sin embargo, sería también un error afirmar que ello motivò el distanciamiento con el Partido Socialista, que mucho antes había optado por actores políticos que declamaban su “anti-radicalismo”. La relación con el PS debe ser analizada en profundidad, desde los claroscuros de la experiencia santafesina, pero será motivo de otro post.

El camino al 14 de Agosto estuvo marcado por esta circunstancia, además de una estrategia comunicacional discutida y discutible. E indudablemente (y sobrevolando todas las conjeturas) la realidad de un masivo apoyo popular a la Presidente de la Nación.

Pero, fundamentalmente, la campaña estuvo marcada, antes y después de las primarias por la deliberada ausencia del Partido. Primero florecian los precandidatos para competir con quien venia en ascenso: instalamos una disputa interna antes de lo necesario y la terminamos cuando debíamos darla. Todo, deliberadamente a mi juicio, al revés. Para los que se bajaron de la interna, “cuanto peor, mejor”.

El 14 de Agosto pasó lo que debía pasar en un contexto de voto útil direccionado hacia Eduardo Duhalde (a tal punto que recibió un gran caudal de votos provenientes de la tradición antiperonista) y de un partido en el que los sectores que no ganan la contienda interna se desentienden y apuestan al fracaso.

Pero el 23 de Octubre pasó lo que no debía ocurrir: cuando la catarata de pedidos de cortes de boleta, de separación de elecciones y las mil estrategias para salvar la ropa territorial, las constantes intervenciones de autoridades partidarias contra el candidato del partido, la sensación creada por el mismo partido de un desplome con un candidato que en soledad se acercaba al pesadillesco numero del 2% obtenido por la UCR en 2003 solo contribuyó a que el voto útil se direccionara hacia el cuarto candidato que parecía emerger como esperanza blanca frente a un Duhalde que no era lo poderoso que se suponía y un Alfonsin en soledad.

Pero sucedió lo que no se esperaba. Y contra todos los pronósticos (y, lamentablemente, el deseo de parte de la dirigencia partidaria) si bien no se mantuvo el segundo lugar en el orden de llegada, Ricardo Alfonsin conservó el caudal electoral de casi 2.500.000 votos.

Ese es el medio vaso lleno. Y le corresponde en gran parte a Ricardo Alfonsin. Su constante caminata por el país, su contacto con la militancia mas allá de la dirigencia y su decisión de seguir adelante a pesar de lo empinado del camino y de la soledad partidaria nos salvo del marasmo. No es consuelo, pero nuestro destino era el de Eduardo Duhalde y sin embargo, ello no ocurrió.

Pasadas las elecciones, es momento de debatir el destino del partido centenario que en esta elección puso en evidencia que hace tiempo ya no existe como organización política. Y debemos hacerlo en el marco de las nuevas exigencias de la sociedad, haciendo un inteligente equilibrio entre sus reclamos y las necesidades de nuestra organización, que se contraponen cada vez que la urgencia y la volatilidad de esta sociedad posmoderna no resulta compatible con las formas de un partido moderno.

Así como las leyes no modifican pautas culturales de la noche a la mañana, la reforma de la Carta Orgánica no solucionará la “maladie” radical. Tampoco lo hará la irrupción de un “nuevo liderazgo”.

Por supuesto, que son elementos positivos per se, como mensaje a una sociedad que -cada vez con mayor fricción- se mueve por sensaciones, como en el mito de las cavernas.

Debemos advertir, no obstante, que si no hay un replanteo profundo que nos permita recuperar la noción de organización y de solidaridad interna, estaremos incubando una nueva frustración.

Un nuevo radicalismo deberá surgir del debate sincero y de una estrategia que se consustancia con la realidad para interpretarla e intentar modificarla antes que nos pase a retiro. No solo al partido sino a la cultura radical, a la que debemos apelar para rescatar la herramienta partidaria.

Modernizar la UCR es un reto que trasciende el marketing (aunque no debe desconocerlo en el mundo actual). Implica incorporar a la agenda radical temas como sociedad del conocimiento, emprendedurismo, derechos ambientales, ampliación de derechos civiles, un Estado de Bienestar para el siglo XXI, propuestas que atiendan el fenómeno de la “glocalización” y la gestión del territorio, etc.

Para ello necesitamos si, estructuras partidarias dispuestas al debate pero también dirigentes y militantes dispuestos a aceptar el resultado del mismo. A ello tenemos que agregarle instancias de elaboración de propuestas programáticas desde espacios donde el tercer sector pueda involucrarse en la discusión, estrategias de comunicación que hagan mas claro nuestro mensaje, y desde luego, recuperar nuestro lugar en la calle. Nada transformador puede hacerse sin poder popular y ningún partido puede renovarse sino se incorporan a el nuevas miradas y nuevos actores.

Los jóvenes tenemos una responsabilidad que tiene que ver hasta con el partido en el que queremos militar los próximos 50 años. Reclamar la renovación repitiendo practicas de un modelo de acumulación interna que se ha mostrado agitado es solo gatopardismo. Y tenemos que huir de ello, desestimulando el internismo innecesario. Pero esto también será producto de otro post.

Hoy es la Convención Nacional. Ojalá constituya la piedra basal del impostergable debate por rescatar al partido y por modernizarlo sin matarle la esencia para que, de ser eficaces en el intento, podamos imaginar que si Hipolito Yrigoyen se levantara y nos viera actuar no entendería nada, pero inmediatamente reconocería que somos la Unión Civica Radical, porque pusimos al partido en el siglo XXI pero sin entregar los valores que le dieron origen y vida por mas de 120 años.

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3 comentarios

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  1. nicotandil / Nov 18 2011 19:30

    Coincido con tus palabras ampliamente, sobre todo en la parte de modernizar el partido.
    Abrazo

  2. cristiancaonr / Nov 22 2011 4:46

    Estimado Cacu, creo en todas tus afirmaciones, se nota que tenemos el nacimiento de un líder, un joven con conocimientos, con carácter, con carisma, que se abre paso entre la agitada y cambiante selva militante, pero además sabe actuar con responsabilidades de los grandes, y ese es medio vaso lleno también. Me persudieron sus palabras, me desde hace tiempo me convencieron su capacidad política manifiesta en los diferentes escenarios que le he visto llevar adelante.

    Pasando a otro tema, la soledad de nuestro candidato, la falta de apoyo de los demás correligionarios en sus funciones locales fueron el desplome de un radicalismo que venía haciendo las cosas bastante bien. Es necesario decirlo, como en algunas localidades, donde el intendente radical, había logrado imponerse en las municipales y donde Ricardo Alfonsín dio su apoyo, lo visitó, le colaboró en todo lo que pudo, estos le dieron la espalda en el momento de las elecciones del 23 de Octubre. Muchos ni abrieron el comité ese día. Pero el Pueblo estoy seguro que de esto ha tomado nota.

    Estoy convencido que los 2.5 millones de personas que votaron a la UCR, muchos lo hicieron solos, sin más apoyo que los principios históricos de nuestro partido. Quiero si destacar, el bullicioso e incomparable tiempo y trabajo que ha realizado la Juventud Radical, que a contramano de los que indicaban los cleptorodontes, salieron a consolidar un esfuerzo mancomunado a través de las redes sociales, paginas web y los pequeños ateneos que se fueron consolidando. Este también es otro medio vaso lleno.

    Y aquí me quiero detener, los nuestros fueron dignos militantes del siglo XXI, la versión avanzada de la UCR en red. Una red que sin dirigencias claras como las de los comites, se entendió y fue capaz de librar la batallas de las batallas, con los recursos económicos igual a 0, porque eso también tubo que ver, ante una contienda donde por cada vez que escribíamos UCR en las redes sociales y youtube, teníamos una publicidad ostentosamente paga del Oficialismo. Ni hablar lo que nuestros jóvenes trabajaron en los campos de las diferentes facultades y universidades de nuestro país, contra el enorme presupuesto estatal en becas y demás premios que ofrecía el oficialismo.

    Una batalla desigual, que nos sirvió para sentar las bases firmes de un radicalismo al que quieren ponerlo de rodillas, pero que cada vez les es más díficil, porque los jóvenes que militan en la UCR tienen historia, principios y sobre todo dignidad.

    Correligionario, lo felicito, por este blog, y espero verlo pronto por la pantalla, que la Argentina necesita ejemplos, y nuevos líderes y usted tiene madera de sobra…

  3. PipiDonatiello / Dic 20 2011 9:22

    Volver a la calle, volver a la sociedad, volver a ser lo que fuimos, con dirigentes militantes, con la militancia que nos caracterizó, dejar internismos que nos conducen a la nada misma, representar esos principios que nos unen como militantes en la UCR, representarnos a nosotros mismos, representar a la sociedad, para mi ese es el secreto de la renovación, solo la militancia, lo que mejor sabemos hacer nos llevará a ser lo que fuimos. Un beso Cacu!!!

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